Archivos para el mes de: abril, 2013

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Les dejo una entrevista a la talentosísima ilustradora italiana, Beatrice Allemagna y una pequeña introducción a su universo, que descubrí en la página web Libro de Notas y que a mi entender, refleja su obra.

Su obra destaca, estéticamente, por su particular creación de personajes y la técnica que utiliza (collage, pintura, foto montaje, tinta, y en el último par de años incluso costura, fieltros y botones…) y narrativamente, destaca por la inquietud de sus historias. Los libros de Beatrice, son aparentemente infantiles, pero las historias de las que nos habla no lo son para nada. Nos habla de sensaciones incómodas, de la razón de ser y de la condición humana, y lo hace utilizando niños, animales, monstruos, y un lenguaje de lo más sencillo. Beatrice asegura no haber abandonado nunca la visión infantil de las cosas, y desde bien pequeña supo que quería dibujar y contar historias, como las de Gianni Rodari, Bruno Munari y Emanuele Luzzati.

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Beatrice, los personajes que dibujas están en el equilibrio perfecto entre el feísmo y los seres más adorables de la creación, ¿tienes feedback de cómo encaja este tipo de personajes un niño?

B.A.> No creo que la fealdad y la belleza sean valores objetivos. Yo busco incesantemente la belleza en lo feo y la fealdad en lo bello ¡para mi es un gran cumplido que me digas que mis personajes están en perfecto equilibrio entre los dos! Por la parte que me toca, mis personajes nunca han sido considerados desde un punto de vista puramente estético, por suerte, y esto permite que tengan capacidad para llegar e interrogar al lector. Los niños llegan a los dibujos sin ninguna idea apriori del argumento. Se ponen ante los dibujos con ganas de aprender, de entender, de analizar… Muy a menudo se ríen ante las caras de mis personajes, o se quedan sorprendidos: sin comentarios.

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Tu obra, es esencialmente artesanal ¿Qué piensas del uso del ordenador? ¿Crees que facilita el trabajo a los ilustradores o por el contrario es una barrera a la hora de experimentar?

B.A.> El ordenador es un instrumento extraordinario que me gustaría saber usar con soltura. Para mi, aún es un gran misterio lleno de obstáculos. Creo que una ilustración realizada con el ordenador y una tradicional son, de hecho, muy diferentes, pero la clave está en la emoción que se llega a transmitir, y por lo que respecta al proceso artístico, al deseo personal del autor. Yo amo la relación directa con el papel, adoro el ruido del lápiz sobre la hoja, el olor del pegamento, y miles de otras cosas de las que no quiero alejarme. Probablemente tengo mucho que aprender y entender aún de mi relación con lo artesanal antes de dar el salto al medio tecnológico.

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Después de tantos años en la ilustración ¿Qué proyectos de futuro tienes?

B.A.> Voy a intentar trabajar como editora durante un tiempo. Me lo han pedido, y después de muchas dudas he decidido intentarlo. Lo haré sin tomarme muy en serio, y sobretodo con mucha humildad. Yo soy escritora e ilustradora, no he tenido nunca formación como editora, pero creo que tengo una visión adecuada sobre los textos e ilustraciones de los álbumes para niños. A parte de ser mi pasión y sustento desde hace años, siempre he tratado de ver qué funciona y qué no funciona en los libros que tengo delante. Mi gran defecto es la exigencia extrema, que espero poder corregir en esta nueva faceta.

Y a parte de editar ¿no has pensado nunca en hacer animación?

B.A.> He hecho un pequeño cortometraje a partir de una fábula de Gianni Rodari La passeggiata di un distratto (editado en Francia por Seuil, en 2005, y en España por SM, en 2007). Es un pequeño corto de 6 minutos, realizado en stop motion, es decir: fotograma a fotograma. Los personajes eran marionetas que hice yo misma, y también los decorados y la voz que narra. Ha sido una experiencia maravillosa crear todos los elementos y ver en pantalla cómo se movían las marionetas y los decorados. Es un trabajo muy largo y laborioso. Me gustaría mucho repetir la experiencia, pero creo que la siguiente vez lo haré con un equipo detrás, y con apoyo económico.

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Hablando de apoyo económico ¿Se puede vivir de la ilustración? ¿Podrías vivir sin ella?

B.A.> Hace muy poco que he logrado vivir exclusivamente de la ilustración, tras diez años de trabajo. Creo que aunque cambiara completamente de trabajo, seguiría escribiendo historias y dibujando, porque me resulta doloroso cuando paso un tiempo sin dibujar. Además, en cuanto una imagen aparece ante mis ojos, siempre quiere contarme alguna cosa.

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La entrevista ha sido realizada en Enero de 2010, con traducciones de  Carlos Acevedo y Giulia Rinaldi

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Autora: María José Ferrada

Ilustraciones: Zuzanna Celej

Editorial: Kalandraka

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El idioma secreto me lo enseñó mi abuela.
Y es un idioma que nombra las plantas de tomate, la harina, los botones. 
Un día me llamó.
Me dijo que antes de que la muerte se la llevara
quería entregarme algo].
Mi herencia era una caja de galletas con ovillos de lana y boletas de ferretería.
Ahí dentro estaban las palabras…

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En el Día de la Poesía se entrega el V Premio Internacional Ciudad de Orihuela de Poesía para Niños a la escritora María José Ferrada por la obra “El idioma secreto“.

La naturaleza y lo cotidiano, la niñez y el recuerdo afectuoso del pasado conforman este tributo literario a la figura maternal, entrañable y venerada de una abuela rural cuyo legado ha sido tan modesto y a la vez tan valioso: las palabras, depositarias de conocimiento e identidad para habitar en el mundo.

El lenguaje poético y sugerente, la dimensión metafórica y simbólica del texto, siembra de imágenes sensoriales la mente del lector. Las ilustraciones de Zuzanna Celej,a base de sutiles trazos de lápiz y tenues pinceladas de acuarela, contribuyen a evocar esa atmósfera mágica y serena, a medio camino entre lo real y lo onírico.

Es una obra que desprende espiritualidad, que describe -con el corazón más que con la vista- el paso de las estaciones, la huella imborrable de las personas, rememorando con nostalgia un tiempo de sencillez y felicidad en el que “todo era perfecto” a pesar de las carencias materiales. La misión del cerezo, la luz de la huerta, el sabor de las naranjas, la textura de la lana… entre estas letras se encuentra la clave para descifrar este lenguaje críptico.

Lo descubrí en: el petit tresor y en kalandraka

 

 

 

A Vera agradezco las últimas tres palabras de su mail: Sergio Larrain Cartas. Así de desprevenida me encontré con esta carta que el fotógrafo de Magnum escribe a su sobrino Sebastián Donoso. Una maravilla. Espero que les guste.

 

Miércoles. Lo primero de todo es tener una máquina que a uno le guste, la que más le guste a uno, porque se trata de estar contento con el cuerpo, con lo que uno tiene en las manos y el instrumento es clave para el que hace un oficio, y que sea el mínimo, lo indispensable y nada más. Segundo, tener una ampliadora a su gusto, la más rica y simple posible (en 35 mm. la más chica que fabrica LEITZ es la mejor, te dura para toda la vida).

El juego es partir a la aventura, como un velero, soltar velas. Ir a Valparaiso, o a Chiloé, por las calles todo el día, vagar y vagar por partes desconocidas, y sentarse cuando uno está cansado bajo un árbol, comprar un plátano o unos panes y así tomar un tren, ir a una parte que a uno le tinque, y mirar, dibujar también, y mirar. Salirse del mundo conocido, entrar en lo que nunca has visto, DEJARSE LLEVAR por el gusto, mucho ir de una parte a otra, por donde te vaya tincando. De a poco vas encontrando cosas y te van viniendo imágenes, como apariciones las tomas.

Luego que has vuelto a la casa, revelas, copias y empiezas a mirar lo que has pescado, todos los peces, y los pones con su scotch al muro, los copias en hojitas tamaño postal y los miras. Después empiezas a jugar con las L, a buscar cortes, a encuadrar, y vas aprendiendo composición, geometría. Van encuadrando perfecto con las L y amplias lo que has encuadrado y lo dejas en la pared. Así vas mirando, para ir viendo. Cuando se te hace seguro que una foto es mala, al canasto al tiro. La mejor las subes un poco más alto en la pared, al final guardas las buenas y nada más (guardar lo mediocre te estanca en lo mediocre). En el tope nada más lo que se guarda, todo lo demás se bota, porque uno carga en la psiquis todo lo que retiene.

Luego haces gimnasia, te entretienes en otras cosas y no te preocupas más. Empiezas a mirar el trabajo de otros fotógrafos y a buscar lo bueno en todo lo que encuentres: libros, revistas, etc. y sacas lo mejor, y si puedes recortar, sacas lo bueno y lo vas pegando en la pared al lado de lo tuyo, y si no puedes recortar, abres el libro o las revistas en las páginas de las cosas buenas y lo dejas abierto en exposición. Luego lo dejas semanas, meses, mientras te dé, uno se demora mucho en ver, pero poco a poco se te va entregando el secreto y vas viendo lo que es bueno y la profundidad de cada cosa.

Sigues viviendo tranquilo, dibujas un poco, sales a pasear y nunca fuerces la salida a tomar fotos, por que se pierde la poesía, la vida que ello tiene se enferma, es como forzar el amor o la amistad, no se puede. Cuando te vuelva a nacer, puede partir en otro viaje, otro vagabundeo: a Puerto Aguirre, puedes bajar el Baker a caballo hasta los ventisqueros desde Aysén; Valparaiso siempre es una maravilla, es perderse en la magia, perderse unos días dándose vueltas por los cerros y calles y durmiendo en el saco de dormir en algún lado en la noche, y muy metido en la realidad, como nadando bajo el agua, que nada te distrae, nada convencional. Te dejas llevar por las alpargatas lentito, como si estuvieras curado por el gusto de mirar, canturreando, y lo que vaya apareciendo lo vas fotografiando ya con más cuidado, algo has aprendido a componer y recortar, ya lo haces con la máquina, y así se sigue, se llena de peces la carreta y vuelves a casa. Aprendes foco, diafragma, primer plano, saturación, velocidad, etc. aprendes a jugar con la máquina y sus posibilidades, y vas juntando poesía (lo tuyo y lo de otros), toma todo lo bueno que encuentres, bueno de los otros. Hazte una colección de cosas óptimas, un museito en una carpeta.

Sigue lo que es tu gusto y nada más. No le creas más que a tu gusto, tu eres la vida y la vida es la que se escoge. Lo que no te guste a ti, no lo veas, no sirve. Tu eres el único criterio, pero ve de todos los demás. Vas aprendiendo, cuando tengas una foto realmente buena, las amplias, haces una pequeña exposición o un librito, lo mandas a empastar y con eso vas estableciendo un piso, al mostrarla te ubicas de lo que son, según lo veas frente a los demás, ahí lo sientes. Hacer una exposición es dar algo, como dar de comer, es bueno para los demás que se les muestre algo hecho con trabajo y gusto. No es lucirse uno, hace bien, es sano para todos y a ti te hace bien porque te va chequeando.

Bueno, con esto tienes para comenzar. Es mucho vagabundeo, estar sentado debajo de un árbol en cualquier parte. Es un andar solo por el universo. Uno nuevamente empieza a mirar, el mundo convencional te pone un biombo, hay que salir de él durante el período de fotografía.