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Autor: Lemony Snicket

Ilustradora: Maira Kalman

Traducción: Lilia Mosconi

Editorial: Limonero

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La vendedora se acerca y me dice si quiero ver la última novedad de Limonero. Si claro, quién no quiere, me pregunto yo mientras miro Bigudí, Achimpa, La niña que contaba..

Pero ella me muestra “13 palabras” – es muy lindo – me dice mientras me lo da y leo Lemony Snicket en el mismo gesto. Un segundo después entro en el maravilloso mundo de Daniel Handler.

Salí del libro queriendo.

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Y como quiero, les comparto la reseña de  Valeria Tentoni para Eterna Cadencia (y de paso los invito a conocer el blog, dudo en poner los obligo):

“El tiempo solo existe en la medida en que las cosas no pasan todas a la vez”, escribió alguna vez Albert Einstein. Y esa línea fue rescatada maravillosamente por el estadounidense Daniel Handler para cerrar su libro 13 palabras, ilustrado por Maira Kalman y publicado en Argentina por Limonero, con traducción de Lilia Mosconi. Todo lo que aparece antes, en las páginas coloridas y fantasiosas de esta piedra amarilla sobre la que se posa una pájara azul, justifica por completo esa cita.

Se trata de un diccionario tan largo como un hipo y tan caprichoso como la imaginación de un chico, regido por un número al que más de uno podría tenerle aprehensión. No es la primera vez que Handler ―también escritor de libros para adultos y guiones, amén de acordeonista―, devenido Lemony Snicket ―autor y personaje de sus libros infantiles, entre los que se cuentaTodas las preguntas equivocadas― enhebra peripecias delirantes para sus personajes. Y Snicket, su Dr. Seuss, ya había demostrado antes también su pasión por las palabras y sus definiciones: en esta historia, protagonizada por una pájara “alicaída” y un perro amigo que la visita e intenta por todos los medios posibles e imposibles devolverla a la alegría (con pasteles, sombreros y pinturas), cualquier diálogo es buena excusa para diccionarizar el asunto, introducir nuevas palabras en el universo de sus pequeños lectores. Esa, la de acercarlos al ejercicio de las consultas en orden alfabético, es una misión que entre nosotros María Elena Walsh, por ejemplo, cumplía con enorme gracia y belleza; ¿dónde, si no en sus canciones, íbamos a encontrarnos antes con la malaquita?

Desde enero, Netflix emite capítulos de Una serie de eventos desafortunados, venidos de una saga de libros que Snicket comenzó a publicar en 1999 con Un mal principio. En 2004, los libros ya habían sido adaptados a la pantalla, pero a la pantalla grande: Jim Carrey, Meryl Streep, Jude Law y Dustin Hoffman fueron algunos de los involucrados en la versión cinematográfica de esa historia, la de tres huérfanos cuyos padres mueren en el incendio de la casa familiar. Allí, las definiciones (y las bibliotecas) aparecen todo el tiempo: lo que las palabras quieren decir, lo que las palabras pueden decir, como una contraseña para la libertad, una especie de poder secreto.

En los ocho capítulos de la primera temporada, Patrick Warburton es el actor a cargo de representar al propio Lemony Sniket, un narrador que recibe a los espectadores bajo la tentadora advertencia: “¡Mirá para otro lado, mirá para otro lado!”. Todo en este autor es paradojal e inesperado, y esta no es la excepción: es notable su manera de hacer germinar el humor y de afirmar la trama en las expectativas del lector o de los espectadores. Sus libros han vendido más de 70 millones de ejemplares en todo el mundo, y ha sido traducido a más de 40 idiomas, participando de esa galaxia de últimos autores de literatura infantil y juvenil de alcance imparable en la que también titilan Anthony Browne, J. K. Rowling o Maurice Sendak.

13 palabras es un ejemplar precioso, venido de la imaginación alegre y universal de Snicket; una de esas imaginaciones que tienen el extrañísimo poder de alcanzar y conmover a casi cualquiera que se le ponga enfrente, venga de donde venga, tenga la edad que tenga.

Autora e ilustradora: Jutta Bauer

Editorial: Fondo de Cultura Económica

Colección: Los especiales de A la orilla del viento.selma

A pesar de que la autora manifiesta haberlo escrito e ilustrado con la intención de que se transformara en un cómic para adultos, “Selma” es un álbum que se ha tomado una espacio en la literatura infantil y juvenil.

Una barra, un perro, una copa de vino. Así se ve la primera escena de este libro. Este perro no puede hallar la respuesta a una pregunta que vuela por el aire desde el inicio de la humanidad. Decide acudir al viejo sabio, un carnero, y le pregunta “¿qué es la felicidad?”. El viejo sabio le responde contándole una historia, la de la oveja Selma.

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Selma todos los días come hierba, luego enseña a hablar a los niños, hace algo de ejercicio, come otro poco de hierba, platica con la señora Meyer, y en la noche duerme profunda y plácidamente.

Pero, ¿qué haría Selma si tuviera más tiempo? ¿o si se ganara la lotería? De las respuestas a estas preguntas es que se desprende la enseñanza del viejo sabio sobre qué es la felicidad.

Aunque algunos podrían catalogar este libro como cercano a la autoayuda, yo prefiero guardarlo en la sección de filosofía. Es una obra que invita a reflexionar sobre las pequeñas cosas de la vida, no se trata de conformismo, sino del gusto por lo que uno hace. Selma demuestra que no es necesario más tiempo ni dinero para lograr la anhelada felicidad.

“Selma” no es un libro solo para un lector infantil, es un libro que gustará a lectores de cualquier edad.

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¿Puede leerse este álbum en ocho minutos? Definitivamente no, la lectura de “Selma” no termina en la última página, provoca inevitablemente una proyección de la vida de la oveja a la vida propia, cuestionándose las cosas que realmente importan.

Por Valeria Leiva Hermosilla para Bodeguita de historias

A Vera agradezco las últimas tres palabras de su mail: Sergio Larrain Cartas. Así de desprevenida me encontré con esta carta que el fotógrafo de Magnum escribe a su sobrino Sebastián Donoso. Una maravilla. Espero que les guste.

 

Miércoles. Lo primero de todo es tener una máquina que a uno le guste, la que más le guste a uno, porque se trata de estar contento con el cuerpo, con lo que uno tiene en las manos y el instrumento es clave para el que hace un oficio, y que sea el mínimo, lo indispensable y nada más. Segundo, tener una ampliadora a su gusto, la más rica y simple posible (en 35 mm. la más chica que fabrica LEITZ es la mejor, te dura para toda la vida).

El juego es partir a la aventura, como un velero, soltar velas. Ir a Valparaiso, o a Chiloé, por las calles todo el día, vagar y vagar por partes desconocidas, y sentarse cuando uno está cansado bajo un árbol, comprar un plátano o unos panes y así tomar un tren, ir a una parte que a uno le tinque, y mirar, dibujar también, y mirar. Salirse del mundo conocido, entrar en lo que nunca has visto, DEJARSE LLEVAR por el gusto, mucho ir de una parte a otra, por donde te vaya tincando. De a poco vas encontrando cosas y te van viniendo imágenes, como apariciones las tomas.

Luego que has vuelto a la casa, revelas, copias y empiezas a mirar lo que has pescado, todos los peces, y los pones con su scotch al muro, los copias en hojitas tamaño postal y los miras. Después empiezas a jugar con las L, a buscar cortes, a encuadrar, y vas aprendiendo composición, geometría. Van encuadrando perfecto con las L y amplias lo que has encuadrado y lo dejas en la pared. Así vas mirando, para ir viendo. Cuando se te hace seguro que una foto es mala, al canasto al tiro. La mejor las subes un poco más alto en la pared, al final guardas las buenas y nada más (guardar lo mediocre te estanca en lo mediocre). En el tope nada más lo que se guarda, todo lo demás se bota, porque uno carga en la psiquis todo lo que retiene.

Luego haces gimnasia, te entretienes en otras cosas y no te preocupas más. Empiezas a mirar el trabajo de otros fotógrafos y a buscar lo bueno en todo lo que encuentres: libros, revistas, etc. y sacas lo mejor, y si puedes recortar, sacas lo bueno y lo vas pegando en la pared al lado de lo tuyo, y si no puedes recortar, abres el libro o las revistas en las páginas de las cosas buenas y lo dejas abierto en exposición. Luego lo dejas semanas, meses, mientras te dé, uno se demora mucho en ver, pero poco a poco se te va entregando el secreto y vas viendo lo que es bueno y la profundidad de cada cosa.

Sigues viviendo tranquilo, dibujas un poco, sales a pasear y nunca fuerces la salida a tomar fotos, por que se pierde la poesía, la vida que ello tiene se enferma, es como forzar el amor o la amistad, no se puede. Cuando te vuelva a nacer, puede partir en otro viaje, otro vagabundeo: a Puerto Aguirre, puedes bajar el Baker a caballo hasta los ventisqueros desde Aysén; Valparaiso siempre es una maravilla, es perderse en la magia, perderse unos días dándose vueltas por los cerros y calles y durmiendo en el saco de dormir en algún lado en la noche, y muy metido en la realidad, como nadando bajo el agua, que nada te distrae, nada convencional. Te dejas llevar por las alpargatas lentito, como si estuvieras curado por el gusto de mirar, canturreando, y lo que vaya apareciendo lo vas fotografiando ya con más cuidado, algo has aprendido a componer y recortar, ya lo haces con la máquina, y así se sigue, se llena de peces la carreta y vuelves a casa. Aprendes foco, diafragma, primer plano, saturación, velocidad, etc. aprendes a jugar con la máquina y sus posibilidades, y vas juntando poesía (lo tuyo y lo de otros), toma todo lo bueno que encuentres, bueno de los otros. Hazte una colección de cosas óptimas, un museito en una carpeta.

Sigue lo que es tu gusto y nada más. No le creas más que a tu gusto, tu eres la vida y la vida es la que se escoge. Lo que no te guste a ti, no lo veas, no sirve. Tu eres el único criterio, pero ve de todos los demás. Vas aprendiendo, cuando tengas una foto realmente buena, las amplias, haces una pequeña exposición o un librito, lo mandas a empastar y con eso vas estableciendo un piso, al mostrarla te ubicas de lo que son, según lo veas frente a los demás, ahí lo sientes. Hacer una exposición es dar algo, como dar de comer, es bueno para los demás que se les muestre algo hecho con trabajo y gusto. No es lucirse uno, hace bien, es sano para todos y a ti te hace bien porque te va chequeando.

Bueno, con esto tienes para comenzar. Es mucho vagabundeo, estar sentado debajo de un árbol en cualquier parte. Es un andar solo por el universo. Uno nuevamente empieza a mirar, el mundo convencional te pone un biombo, hay que salir de él durante el período de fotografía.

Autor e ilustrador: Chris Riddell

Editorial: Edelvives

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“Me gusta que los planes salgan bien” era la famosa frase de Hannibal Smith en “Equipo A”. Pero, ¿a quién no le gusta que los planes salgan bien? Ottoline pasa gran parte de su tiempo haciendo planes para resolver misterios. Según avanzan los relatos el personaje se asemeja más al coronel Hannibal Smith.

Ottoline vive en el piso veinticuatro del Molinillo de Pimienta con el Sr. Munroe, un hombre bajito y peludo. A Ottoline le gusta resolver problemas peliagudos e idear planes brillantes. Los padres de Ottoline viajan por todo el mundo pero todo esto no le preocupa a Ottoline, ya que es acompañado por el Sr. Munroe.

Son muy pocos los escritores como Chris Riddell, que además de escribir ilustran sus propios cuentos. En el libro “Ottoline y la gata amarilla” nos encontraremos alguna ilustración en cada página. Este libro, destinado al público juvenil, es una especie de “mitad novela gráfica y mitad libro de ilustraciones”. Las ilustraciones adquieren un peso muy importante según avanza el libro. En todas las ilustraciones el autor juega con tres únicos colores: blanco, negro y un rojo vivo escogido para los detalles.

Es un libro muy ameno para la lectura, donde las ilustraciones a todo detalle no hacen más que facilitar la lectura de “Ottoline y la gata amarilla”. El libro contiene en su interior cinco postales desplegables, una “colección de postales imperiales” a modo de regalo.

Un libro muy pero que muy especial.

Lo leí en : Librería Garoa

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Les comparto esta entrevista a la más renovada y genial ilustradora de álbumes del momento, Rebecca Dautremer, realizada por la revista Peonza 97 de Javier Flor y traducida por él mismo para su blog: Literahartura infantil.

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Poseedora de una excelente técnica, sus ilustraciones destacan por la creación de atmosferas sugerentes, de imágenes con un bello misterio, llenas de color y luz. Amante de la fotografía, que ejerció en sus comienzos, sus dibujos son todo un trabajo de encuadre, profundidad y contrastes. Algún trabajo publicitario suyo muestra también su gusto por los colores vivos. Sus actividades como ilustradora y diseñadora de vestidos y escenografías para varios espectáculos le han llevado al cine, estrenándose su primer largometraje como directora artística, bajo la dirección general de Dominique Monféry, el pasado mes de diciembre:Kérity y la casa de los cuentos.

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Sus dibujos y otras dinamismos artísticos pueden verse en su libro Artbook Rebecca Dautremer(2009, Editions du Chêne). Rebecca tiene una primorosa página web donde puede admirarse su trabajo y novedades:http://www.rebeccadautremer.com/

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– ¿Cómo fue su infancia cerca de los Alpes? ¿Hay algún momento de aquellos años que usted intente recuperar a través de sus ilustraciones?

– Nací el 20 de agosto de 1971 en Gap, en el departamento de Hautes Alpes, muy cerca de Italia. Mis padres eran muy jóvenes y tuve una infancia un poco bohemia. Tengo recuerdos maravillosos. A los cuatro años mi padre nos llevó a la Drôme, una región muy salvaje del Sur de Francia, para criar ovejas y cabras y hacer queso. Eran los años 70 y la ideología de “vuelta a la naturaleza”. Empecé el colegio muy tarde cuando mis padres retornaron al “valle”, algo que no me gustó mucho. Quizás por esto fui durante bastante tiempo muy tímida y un poco salvaje. No tenía muchos amigos. El grupo siempre me ha inquietado un poco. Incluso ahora, cuando han cambiado las cosas, me siento bien en mi oficio que implica una vida bastante solitaria.

– La pintura, y el cine son dos influencias que usted reconoce. Vermeer es uno de los pintores que más aprecia. ¿Qué valora de su obra?

– Si. El cine, y de manera general la imagen fotográfica, me fascina y me inspira mucho. Pienso siempre como si tuviera una máquina de fotos cuando hago una ilustración. Busco un encuadre, un punto de vista, un ángulo, la profundidad de campo, incluso un tiempo de exposición. Cuando ando escasa de ideas ojeo algún libro de fotografía que tengo y siempre encuentro una pista.
En cuanto a la pintura, me siento más gusto con las obras de pintores de los siglos XVI o XVII. Adoro sus retratos, fotografías de la época, sus personajes en una pose congelada sobre fondo neutro. La pintura flamenca me llega mucho y Vermeer -con su luz y sus colores naturales- parece que atrapa la vida en sus cuadros y les da otra existencia. Me gusta también Brueghel y sus criaturas fantásticas, increíblemente modernas. A Velázquez le he visto por primera vez hace poco en el museo del Prado y me emocionó mucho.

– El proceso previo antes de ilustrar un texto es muy importante. ¿Cómo realiza la documentación y planificación de un álbum ilustrado?

-Me parece que de manera muy clásica. Necesito un poco de tiempo para “digerir” el texto, sobre todo el universo y el ambiente en que se desarrolla. Pienso mucho en lo que voy a hacer antes de coger un lápiz. Sé los meses que me lleva avanzar con cada libro y tengo el tiempo suficiente para imaginar y soñar con las imágenes que voy a pintar. Intento tener una visión general del libro, saber exactamente el tono y el estilo que tendrá, encontrar el hilo donde prender la historia. Buscar “el ángulo de ataque” mejor, el más personal, que haga que mi libro, en lo posible, sea un poco novedoso. Trato de no aferrarme a mi primera idea, no ir derecho a lo evidente. No es fácil.
Si el tema lo demanda, me documento. Pero esto no es siempre necesario. No me engancho nunca mucho a los detalles reales. Si acudo en algún momento a la documentación, siempre viene un momento posterior donde la dejo a un lado para remodelar la imagen a mi manera. A continuación marco “las vías del tren”, es decir, el recorrido del conjunto de páginas del libro para definir el ritmo. Nada es más necesario que conocer al menos el contenido de cada página antes empezar con la primera.

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– Habitualmente utiliza gouache, y a veces óleo, para dar color a sus imágenes. ¿Qué valor le da al color? ¿Es sólo decorativo o también argumental?

– Solo utilizo el gouache. El gouache es un material muy opaco y suelo engrasar un poco mis dibujos cuando les termino, lo que me permite dar un poco de contraste a mis colores; pero nada más. Para mí el color es la luz. Por supuesto que es también decorativo, pero no debería. Mi elección de un color se hace por el contraste o por la luz que aporta. Finalmente, me importa más el valor del color que el tono. En revancha, utilizo muy poco el valor sugestivo del color.

– En cuanto a la relación entre las imágenes y el texto, ¿qué momentos de un texto elige ilustrar? ¿Qué valora especialmente en un cuento?

– Con mis ilustraciones intento construir una historia que no sea redundante con el texto. No es necesario parafrasearlo ni describirlo palabra por palabra. Trato de proponer otro punto de vista sobre la aventura, de atrapar al lector en un camino paralelo que va enriquecer su lectura y abrirle otras puertas. Hacerle tomar caminos tortuosos que le lleven incluso a dejar la lectura y volverla a retomar más tarde. Ser el contrapunto del autor para cuestionar al lector, para intrigarlo. Me gusta ilustrar un detalle insignificante del texto, poner en funcionamiento un personaje secundario, sorprender al lector para que no se aburra.

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Rebecca es toda luz. Pueden verse y leerse sus obras en las siguientes ediciones españolas de sus libros. Por orden cronológico es la siguiente:

– (2001) El gigante y los pájaros Timun Mas (Texto: Ghislaine Biondi)
– (2003) Enamorados Kokinos (Texto: Rebecca Dautremer)
– (2005) Princesas olvidadas o desconocidasEdelvives (Texto: Phillipe Lechermeier)
– (2006) Nasrudin Edelvives (Texto: Odile Weulersse)
– (2007) Nasrudin y el asno Edelvives (Texto: Odile Weulersse)
– (2008) Sentimiento Edelvives (Texto: Carl Norac)
– (2008) ¿Quién ha sido? o un vientecillo perfumado Edelvives (Texto: Tai-Marc Le Thanh)
– (2008) El pastor o en que piensan los corderos antes de dormirseEdelvives (Texto: Tai-Marc Le Thanh)
– (2008) La hermanita carnívora o la enfermedad del cordero locoEdelvives (Texto: Tai-Marc Le Thanh)
– (2008) La tortuga gigante de Galápagos Edelvives (Texto: Rebecca Dautremer)
– (2008) Los cochinos o un ramillete de papelejosEdelvives (Texto: Tai-Marc Le Thanh)
– (2009) Elvis Edelvives (Texto: Tai-Marc Le Thanh)
– (2009) Babayaga Edelvives (Texto: Tai-Marc Le Thanh)
– (2009) Cyrano Edelvives (Texto: Tai-Marc Le Thanh)
– (2009) El diario secreto de Pulgarcito Edelvives (Texto: Phillipe Lechermeier)
– (2009) Hilo de hada Edelvives (Texto: Phillipe Lechermeier)
– (2010) En la época de los castillos Larousse (Texto y desplegable: Rebecca Dautremer)
– (2010) Nat y el secreto de Eleonora Edelvives (Texto: Rebecca Dautremer)
– (2010) Swing Café Kókinos (Texto: Carl Norac)
– (2011) El libro que vuela Edelvives (Texto: Pierre Laury)
– (2011) La gran corriente de aire Edelvives (Texto: Tai-Marc Le Thanh)
– (2011) Alicia en el país de las maravillas Edelvives (Texto: Lewis Carroll)

– (2012) El pequeño teatro de Rebecca Dautremer (Texto y desplegable: Rebecca Dautremer)

Autor: Anik Le Ray

Ilustradora: Rébecca Dautremer

Editorial: Edelvives

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Que sea inventado no significa que no exista. Cuando Eleonora le deja en herencia a Natanael el contenido de su biblioteca, el niño no puede ni imaginar que todos esos libros esconden el más increíble de los secretos… De inmediato, Alicia, Pinocho, el Capitán Garfio y todos los héroes de sus cuentos preferidos cobran vida delante de sus ojos. Viven bajo una terrible amenaza y solo Nat puede salvarlos. Comienza entonces para él una loca carrera contrarreloj para liberar a sus nuevos amigos.

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Todo empieza con la pérdida de un ser querido, alguien muy importante para Nat. La persona que guardaba la llave de los sueños, aquella en quien el niño depositaba su confianza. Eleonora, quien disfrutaba pasando largas veladas leyendo cuentos y más cuentos, tantos como quieras imaginar. Nat se sentaba a su lado y se deleitaba y soñaba escuchando lo que Eleonora dibujaba con sus palabras.

Ahora, Eleonora, ya no estaba y Nat ya no tenía quien le leyera. Desaparece su conexión con el mundo de los sueños, con el mundo de los cuentos, allá donde todo es posible. A cambio, Eleonora le reserva un gran tesoro, su biblioteca.

¿Qué debe hacer Nat para recuperar lo que tenía? LEER.

¿Qué necesita para poder leer? CONFIANZA EN SI MISMO.

A su alrededor tiene unos padres que confían en su capacidad y le apoyan completamente, una hermana egoísta que tarda en aprender el valor de un hermano y un millón de amigos salidos de un mundo muy especial… el mundo de los cuentos.

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Con texto de Anik Le Ray, sencillo, soñador y motivador y el trazo mágico de Rébecca Dautremer, el resultado es un libro de ensueño, para volver a aquel tiempo y aquel lugar en el que todo era posible. Rébecca consigue, de nuevo, transportarnos hacia ese mundo. Con un trazo más simple que otras veces, en línea con el texto de Le Ray, la ilustradora nos envuelve en medio de personajes graciosamente reconocibles y dándole un color añejo, de ensueño y, prácticamente, imposible… Rebécca consigue, una vez más, trasladarnos allá donde viven los cuentos. Encuentro una similitud con el dibujo de la autora en el libro Alicia en el país de las maravillas, en el personaje de la bruja. Ésta se asemeja irremediablemente a la horrible reina de corazones, que ya dibujó en aquél libro, cubierta con un manto donde sólo se define su tez, orgullosa e implacable.

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Recomendación: 

Este libro es, una vez más, un estímulo para animar a los niños a la lectura, para que aprendan a leer. Y no sólo eso, sino que también es para que aprendan a saber leer. Me refiero a que leer no es simplemente recitar en voz alta una consecución de palabras, sino comprender el verdadero sentido de lo que se recita e ir incluso más allá, allá donde los cuentos te lleven. Con Nat es posible abrir la puerta de los sueños, la puerta de la imaginación, la puerta de lo imposible, porque él tiene la llave.

Lo recomiendo para niños a partir de 5 ó 6 años, cuando están, precisamente, en el proceso de aprendizaje de la lectura y escritura. También porque es ese momento en el que el niño tiene que escoger entre vivir un poco más en el mundo de las hadas o hacerse mayor, cuando quizás aún no es necesario.

Me gustaría que los adultos acompañárais a Nat y a vuestros pequeños en este viaje, porque vosotros también podéis aprender: cómo darle confianza, cómo ayudarle a encontrar su talento, cómo abrirle las puertas de la imaginación y la creatividad… no se las cerréis antes de tiempo. Amistad, autoconfianza, cooperación, valentía y emoción, mucha emoción es lo que descubro en la historia de Nat y el secreto de Eleonora.

(Hermosa reseña de Silvia Cartañá para su blog: loscuentosdebastian)

Para los que disfrutéis con Nat y queráis ver cómo se mueve aquí está el enlace de la película Kérity, la casa de los cuentos… para continuar soñando…

Autores: Leandro Katz / Daniel Chaskielberg

Ilustrador: Daniel Chaskielberg

Editorial: Ajdut Isarel

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Libro ilustrado que narra con humor e imaginación la historia de un chico que se enoja pero, en lugar de reconocer que está enojado, intenta evitarlo por distintos medios. Hasta que un descubrimiento de último momento le permitirá ver la situación desde otro ángulo.

“El niño que no sabía que hacer con el enojo” es un libro maravilloso, con un relato impecable en imágenes y texto. No sólo nos habla de Shimon, sino de cualquiera de nosotros y lo que nos “contamos” cuando estamos enojados.

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Escrito e ilustrado por Peter H. Reynolds. 

Traducción:  Esther Rubio

Editorial: Serrés

Hay libros que deberían ser de cajón, de manual, de conocimiento y disfrute público. Este es uno de ellos.

El punto es una historia sencilla que casi se lee en voz baja.

Es la historia de Vashti, una niña a la que en clase de arte no se le ocurre qué dibujar. La maestra, tras bromear con ella, la anima “Haz solo una marca y mira adónde le lleva“.

Vashti, tensa, clava el lápiz en la hoja.

Umm…” dice la maestra al mirar detenidamente la hoja. Le devolvió la hoja a Vasthi y tranquilamente dijo “Ahora, fírmalo”. Vasthi puso segura, su nombre, porque eso sí sabía hacerlo.

El juego de la maestra no queda ahí porque a la semana siguiente, cuando Vasthi entra en clase se da cuenta de que encima de la mesa de la seño estaba enmarcado su punto, en un marco dorado. Este gesto desata en Vasthi la energía de la creatividad. ¡Puedo hacer un punto mejor que ese! –se dice cargándose de confianza y de ganas. Y abre su caja de pinturas y comienza a explorar: colores, tamaños, ausencias, mezclas, texturas, materiales… Y pierde el miedo y explora, y disfruta, y lo vive. Y como lo ha vivido, lo ha aprendido y lo deja muy claro al final de la historia. Una historia que le deja sonriendo a uno, por dentro.

Lo leí en el maravilloso blog: Biblioteca de los elefantes

 

Autor: Gianni Rodari

Ilustrador: Xavier Salomó

Editorial: SM

 

¿Alguien puede creer que se construya un camino para no ir a ningún sitio?

Eso piensa Martín, que de tanto preguntar le ponen el sobrenombre de Testarudo.

Gianni Rodari, con su pluma genial, nos guía por una fábula, una alegoría sobre la búsqueda y el encuentro, solo  a través de la confianza y la decisión.

Pese a lo que todos dicen en el pueblo, Martín un día vence el miedo a entrar al bosque y lo que encuentra paga cualquier temor o esfuerzo.

Xavier Salomó, acompaña el relato con ilustraciones enormes, contundentes, coloridas, ricas.

Pequeños guiños aparecen en los árboles, en los personajes, en los paisajes.

Así lo reconoce al contar en su blog , que ha sido uno de los encargos que mas ha disfrutado, con tiempo para poder inspirarse y crear influenciado por pintores como George Grosz, Grant Wood o películas como Shyamalan o el Viaje de Chihiro.

Un libro para contar a niños mayores de cinco años, con un mensaje que nos viene bien a todos.

Lo lei en: El libredón