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Autor: Lemony Snicket

Ilustradora: Maira Kalman

Traducción: Lilia Mosconi

Editorial: Limonero

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La vendedora se acerca y me dice si quiero ver la última novedad de Limonero. Si claro, quién no quiere, me pregunto yo mientras miro Bigudí, Achimpa, La niña que contaba..

Pero ella me muestra “13 palabras” – es muy lindo – me dice mientras me lo da y leo Lemony Snicket en el mismo gesto. Un segundo después entro en el maravilloso mundo de Daniel Handler.

Salí del libro queriendo.

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Y como quiero, les comparto la reseña de  Valeria Tentoni para Eterna Cadencia (y de paso los invito a conocer el blog, dudo en poner los obligo):

“El tiempo solo existe en la medida en que las cosas no pasan todas a la vez”, escribió alguna vez Albert Einstein. Y esa línea fue rescatada maravillosamente por el estadounidense Daniel Handler para cerrar su libro 13 palabras, ilustrado por Maira Kalman y publicado en Argentina por Limonero, con traducción de Lilia Mosconi. Todo lo que aparece antes, en las páginas coloridas y fantasiosas de esta piedra amarilla sobre la que se posa una pájara azul, justifica por completo esa cita.

Se trata de un diccionario tan largo como un hipo y tan caprichoso como la imaginación de un chico, regido por un número al que más de uno podría tenerle aprehensión. No es la primera vez que Handler ―también escritor de libros para adultos y guiones, amén de acordeonista―, devenido Lemony Snicket ―autor y personaje de sus libros infantiles, entre los que se cuentaTodas las preguntas equivocadas― enhebra peripecias delirantes para sus personajes. Y Snicket, su Dr. Seuss, ya había demostrado antes también su pasión por las palabras y sus definiciones: en esta historia, protagonizada por una pájara “alicaída” y un perro amigo que la visita e intenta por todos los medios posibles e imposibles devolverla a la alegría (con pasteles, sombreros y pinturas), cualquier diálogo es buena excusa para diccionarizar el asunto, introducir nuevas palabras en el universo de sus pequeños lectores. Esa, la de acercarlos al ejercicio de las consultas en orden alfabético, es una misión que entre nosotros María Elena Walsh, por ejemplo, cumplía con enorme gracia y belleza; ¿dónde, si no en sus canciones, íbamos a encontrarnos antes con la malaquita?

Desde enero, Netflix emite capítulos de Una serie de eventos desafortunados, venidos de una saga de libros que Snicket comenzó a publicar en 1999 con Un mal principio. En 2004, los libros ya habían sido adaptados a la pantalla, pero a la pantalla grande: Jim Carrey, Meryl Streep, Jude Law y Dustin Hoffman fueron algunos de los involucrados en la versión cinematográfica de esa historia, la de tres huérfanos cuyos padres mueren en el incendio de la casa familiar. Allí, las definiciones (y las bibliotecas) aparecen todo el tiempo: lo que las palabras quieren decir, lo que las palabras pueden decir, como una contraseña para la libertad, una especie de poder secreto.

En los ocho capítulos de la primera temporada, Patrick Warburton es el actor a cargo de representar al propio Lemony Sniket, un narrador que recibe a los espectadores bajo la tentadora advertencia: “¡Mirá para otro lado, mirá para otro lado!”. Todo en este autor es paradojal e inesperado, y esta no es la excepción: es notable su manera de hacer germinar el humor y de afirmar la trama en las expectativas del lector o de los espectadores. Sus libros han vendido más de 70 millones de ejemplares en todo el mundo, y ha sido traducido a más de 40 idiomas, participando de esa galaxia de últimos autores de literatura infantil y juvenil de alcance imparable en la que también titilan Anthony Browne, J. K. Rowling o Maurice Sendak.

13 palabras es un ejemplar precioso, venido de la imaginación alegre y universal de Snicket; una de esas imaginaciones que tienen el extrañísimo poder de alcanzar y conmover a casi cualquiera que se le ponga enfrente, venga de donde venga, tenga la edad que tenga.

Yo lo cuento como si te hubiese visto ayer, como si nunca me hubiese ido, lo digo así y empiezo, porque sino tengo que explicar mi vida y todavía me resultan más interesantes los libros para ser mostrados, leídos mil veces, compartidos. Aunque te confieso que últimamente me viene pasando lo mismo con la vida.

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Los versos del libro tonto.

Autora: Beatriz Giménez de Ory

Ilustradora: Paloma Valdivia

Editorial: Kalandraka

Reconozco que me acerqué porque me encanta Paloma Valdivia y no pierdo oportunidad de mirar lo que hace, pero en cuanto lo abrí me enamoré de este libro divertido, ingenioso e inteligente. Me reía sola parada en el stand de Iamique mientras mis hijos leían tirados en la alfombra.

Les comparto una reseña maravillosa de la gata de almohada y los invito a conocer su blog:

Los poemas en Los versos del libro tonto son veloces, ágiles, inteligentes, sonoros, rítmicos. Especialmente locuaces. El libro es un adentrarte en la lectura y no parar hasta que te das cuenta de que te lo has leído enterito. El libro tonto, Los versos encerrados, Pero sueñan, Catapún, El gallo veleta, Medio poem,Los males del gallo veleta, La otra mitad, ¡Ay!, Se dirían algo así,La sirena Flora, Duermo en un barco hundido, Sopa de letras, El espejo del mar,  A qué juegan los niños sirena, A qué más juegan los niños sirena, Míralo como quieras, Pie con bola, Acróstico esdrújulo… Y todavía algún que otro poema por el final son los nombres de los poemitas que construyen este sensacional librito. Un poemario lleno de juegos de palabras, con presencia de caligramas, las palabras se convierten en personajes sobre el papel y ciertas dosis de surrealismo directo a los niños, cierta personalidad para manejar la lengua al antojo se respira, un toque de greguerías, de los -ismos de principios de siglo XX, quizás también. El poemario se divide en cinco partes.

El primer poema del libro es el siguiente, uno de los más conocidos del mismo:

 

EL LIBRO TONTO

Tengo cincuenta ojos,

digo…cincuenta hijos,

digo…cincuenta¡hojas!

 

Soy de timón y lima,

digo…de toma y muela,

digo..¡de tomo y lomo

 

Soy libre, digo…Libra, digo…¡libro!

Soy un libro sí, sí.

 

Pero llevo cerrado tanto tiempo…

que así me he vuelto tanto,

me he vuelto tinta,

me he vuelto…¡tonto!

“The best ideas come unexpectedly from a conversation or a common activity like watering the garden. These can get lost or slip away if not acted on when they occur.”

Ruth Asawa

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La artista norteamericana Ruth Asawa abandonó este mundo el 5 agosto 2013. Sus esculturas de alambres realizadas con ganchillo, de formas orgánicas que parecen flotar en el aire o ser parte de un microscópico fondo marino poseen un sello inigualable.

Ruth fue una heroína por completo: vivió el encierro en un campo de trabajo para inmigrantes, estudió para ser maestra pero fue imposibilitada para ejercer, fue discípula del artista Josef Albers, viajó a México y aprendió cestería,  fue madre de 6 hijos sin que la vida familiar afectara su trabajo, cumplió el sueño de ser educadora, fue tratada por el mundo del arte como “artesana” y padeció la enfermedad de lupus.

A continuación podrán leer con más detalle parte de su biografía.

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Ruth Asawa nació en Estados Unidos dentro de una familia japonesa en el año 1926, y desde pequeña su gran entretención fue dibujar. En 1942 durante la Segunda Guerra Mundial, la familia Asawa fue obligada por el gobierno norteamericano para internarse en “campos de trabajo” para inmigrantes japoneses. Ruth continúa con su interés por el dibujo y dedica el tiempo libre a estudiar pintura con artistas profesionales que también estaban internados.

Luego de graduarse de la escuela del campamento y estudiar para ser profesora de arte, dedicarse al servicio doméstico, trabajar en una fábrica de curtidos, Ruth viaja a Ciudad de México a estudiar arte y español. A pesar de todo el esfuerzo que hizo para ejercer como maestra, se encontraba imposibilitada debido a su nacionalidad japonesa. En un segundo viaje a México aprende cestería y comienza a experimentar el tejido de alambres.

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En 1947 conoce a su futuro marido, un estudiante de arquitectura y diseño llamado Albert Lanier. Al cumplir 22 años y contra los deseos de ambas familias, Ruth y Albert contraen matrimonio y se trasladan a San Francisco, una ciudad que ellos consideran más acogedora para una pareja interracial y que a la vez contaba con una vibrante comunidad artística. Su primera casa fue un altillo encima de un almacén de cebollas.

La familia crece y, compatibilizando la llegada de 6 hijos, Ruth no deja atrás la pintura, experimentaciones en papel y esculturas de alambres realizados con ganchillo. Aunque la tarea no fue fácil, logra la armonía suficiente para seguir adelante y comienza a recibir reconocimiento por su trabajo como escultora. Rápidamente aparecen oportunidades para exponer su trabajo en museos y centros de arte, y posteriormente llegan los encargos para realizar arte público. La mayoría de las comisiones fueron fabricadas en metal, lo que le permite emplear ayudantes y colaborar con otros artistas, trabajadores de metal y fundiciones. En algunas de sus obras incluye piedras retiradas de los ex campos de trabajo de japoneses.

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Otra parte de la vida de Ruth fue la educación pública. En 1968, con apoyo financiero co-funda el Alvarado Arts Workshop, un taller en el que ella y otros artistas enseñan a los niños a trabajar con elementos de reciclaje. La filosofía de enseñanza fue basada en su experiencia personal: los niños se desarrollan como pensadores creativos y capaces de resolver problemas mediante la práctica del arte y la jardinería.

Al igual que su maestro Josef Albers, tenía la convicción que el trabajo en huertas y jardines ayudaba a los niños en su desarrollo. En 1982 participó en la fundación de una escuela de arte para niños SOTA, en el centro de San Francisco que luego de su muerte lleva el nombre de “Ruth Asawa San Francisco School of the Arts”.

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En 1985 Asawa es diagnosticada con lupus y poco a poco su energía se va debilitando y con el paso del tiempo va dejando atrás sus actividades. Fallece a los 87 años en su hogar en San Francisco, habiendo cumplido a lo largo de su vida la mayoría de sus sueños.

“El arte es para todo el mundo. No debería ser algo que para ver y disfrutar se deba acudir a los museos. Cuando trabajo en grandes proyectos, me gusta incluir a las personas que aún no han desarrollado su lado creativo. Mi anhelo es ayudar a que su creatividad salga fuera. Me gusta el diseño de proyectos en que la gente se sienta segura y  no tenga miedo a involucrarse

La artista norteamericana Ruth Asawa abandonó este mundo pocos días atrás, el 5 agosto 2013. Sus esculturas de alambres realizadas con ganchillo, de formas orgánicas que parecen flotar en el aire o ser parte de un microscópico fondo marino poseen un sello inigualable.

Ruth fue una heroína por completo: vivió el encierro en un campo de trabajo para inmigrantes, estudió para ser maestra pero fue imposibilitada para ejercer, fue discípula del artista Josef Albers, viajó a México y aprendió cestería,  fue madre de 6 hijos sin que la vida familiar afectara su trabajo, cumplió el sueño de ser educadora, fue tratada por el mundo del arte como “artesana” y padeció la enfermedad de lupus.

A continuación podrán leer con más detalle parte de su biografía.

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Ruth Asawa nació en Estados Unidos dentro de una familia japonesa en el año 1926, y desde pequeña su gran entretención fue dibujar. En 1942 durante la Segunda Guerra Mundial, la familia Asawa fue obligada por el gobierno norteamericano para internarse en “campos de trabajo” para inmigrantes japoneses. Ruth continúa con su interés por el dibujo y dedica el tiempo libre a estudiar pintura con artistas profesionales que también estaban internados.

Luego de graduarse de la escuela del campamento y estudiar para ser profesora de arte, dedicarse al servicio doméstico, trabajar en una fábrica de curtidos, Ruth viaja a Ciudad de México a estudiar arte y español. A pesar de todo el esfuerzo que hizo para ejercer como maestra, se encontraba imposibilitada debido a su nacionalidad japonesa. En un segundo viaje a México aprende cestería y comienza a experimentar el tejido de alambres.

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“Cuando usted pone una semilla en la tierra, no para de crecer después de ocho horas. Se sigue subiendo cada minuto que está en la tierra. Nosotros, también, tenemos la necesidad de seguir creciendo cada momento de cada día que estamos en esta tierra “.

Ruth Asawa

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En 1947 conoce a su futuro marido, un estudiante de arquitectura y diseño llamado Albert Lanier. Al cumplir 22 años y contra los deseos de ambas familias, Ruth y Albert contraen matrimonio y se trasladan a San Francisco, una ciudad que ellos consideran más acogedora para una pareja interracial y que a la vez contaba con una vibrante comunidad artística. Su primera casa fue un altillo encima de un almacén de cebollas.

La familia crece y, compatibilizando la llegada de 6 hijos, Ruth no deja atrás la pintura, experimentaciones en papel y esculturas de alambres realizados con ganchillo. Aunque la tarea no fue fácil, logra la armonía suficiente para seguir adelante y comienza a recibir reconocimiento por su trabajo como escultora. Rápidamente aparecen oportunidades para exponer su trabajo en museos y centros de arte, y posteriormente llegan los encargos para realizar arte público. La mayoría de las comisiones fueron fabricadas en metal, lo que le permite emplear ayudantes y colaborar con otros artistas, trabajadores de metal y fundiciones. En algunas de sus obras incluye piedras retiradas de los ex campos de trabajo de japoneses.

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Otra parte de la vida de Ruth fue la educación pública. En 1968, con apoyo financiero co-funda el Alvarado Arts Workshop, un taller en el que ella y otros artistas enseñan a los niños a trabajar con elementos de reciclaje. La filosofía de enseñanza fue basada en su experiencia personal: los niños se desarrollan como pensadores creativos y capaces de resolver problemas mediante la práctica del arte y la jardinería.

Al igual que su maestro Josef Albers, tenía la convicción que el trabajo en huertas y jardines ayudaba a los niños en su desarrollo. En 1982 participó en la fundación de una escuela de arte para niños SOTA, en el centro de San Francisco que luego de su muerte lleva el nombre de “Ruth Asawa San Francisco School of the Arts”.

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En 1985 Asawa es diagnosticada con lupus y poco a poco su energía se va debilitando y con el paso del tiempo va dejando atrás sus actividades. Fallece a los 87 años en su hogar en San Francisco, habiendo cumplido a lo largo de su vida la mayoría de sus sueños.

“El arte es para todo el mundo. No debería ser algo que para ver y disfrutar se deba acudir a los museos. Cuando trabajo en grandes proyectos, me gusta incluir a las personas que aún no han desarrollado su lado creativo. Mi anhelo es ayudar a que su creatividad salga fuera. Me gusta el diseño de proyectos en que la gente se sienta segura y  no tenga miedo a involucrarse”.

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Textos publicado por: Pupa

Autora: Uxue Alberdi

Ilustradora: Aitziber Akerreta

Editorial: Kalandraka

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“Me inspiró un amigo al contarme una anécdota que le sucedió con su hija: la niña construyó una casa debajo de la mesa del salón y le pidió a su padre que entrase a jugar con ella. Mi amigo mide más de 1’90, así que le contestó que lo sentía mucho, pero que no cabía. La niña le respondió con total naturalidad: Tranquilo papá, ya cabrás cuando seas pequeño“.

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De una situación tan sorprendente y divertida surge la chispa creativa que ha motivado la publicación de “Cuando os hagáis pequeños”, un texto de Uxue Alberdi ilustrado por Aitziber Akerreta. En vez de contar cómo será el mundo que se encuentren los niños y niñas cuando se hagan mayores, este relato invierte el papel de los narradores y sus destinatarios. Un álbum que también se dirige a los adultos y cuenta, desde la perspectiva infantil, qué mundo se encontrarían los mayores en el hipotético caso de que se alterase el ritmo vital.

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Mientras los mayores viven obsesionados con trabajar y ocupan su tiempo haciendo planes de futuro, plegándose al cumplimiento de tantas convenciones sociales, o discutiendo entre sí, los niños prefieren recoger moras, saltar en los charcos, jugar a ser personajes fantásticos o escuchar las historias de los abuelos. Así de abismal es la distancia entre ambos mundos y así lo han reflejado las autoras, describiendo actitudes y comportamientos antagónicos.

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“Se me ocurrieron varios contrastes entre estos mundo que parecen irreconciliables y me di cuenta de que en la mayoría de los casos la imposibilidad de empequeñecer se debe a la idea que tenemos de lo que es ser adulto“, explica la periodista, escritora, traductora y bertsolari Uxue Alberdi (Elgoibar, Gipuzkoa, 1984).

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“En el caso de mi amigo y su hija, la dificultad era física; pero en la mayoría de las ocasiones somos nosotros mismos, los adultos, quienes nos privamos de los placeres propios de la infancia: se nos olvida que también nosotros podemos recoger moras, crear mundos imaginarios, experimentar, jugar, mojarnos, ensuciarnos, tocarnos, desnudarnos…”. La autora pretende “hacer reflexionar a los adultos sobre la idea misma de ser adultos, que no tiene porque ser una realidad gris, seria, responsable hasta el aburrimiento”. La maternidad ha ayudado a Uxue a “recuperar muchos de esos placeres” y a reflexionar sobre la idea de que “los adultos creemos que somos nosotros quienes le explicamos la realidad a los niños, pero me pregunto hasta qué punto la cuestión es a la inversa: los niños no paran de contarnos el cuento de sus vidas… ¡y de las nuestras!”.

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“Recuerdo cuando de pequeñas íbamos a pasar el día al campo y veía a los mayores todo el rato sentados, jugando a las cartas y preparando cosas para comer sin parar, mientras que los niños íbamos de un lado a otro, caminábamos kilómetros para ir a coger renacuajos, meterlos en botes y después volverlos a soltar. O cuando nos escapábamos -bajo la total prohibición de nuestros padres- para correr y escondernos en los trigales. Después de comer esperábamos con impaciencia a oír la bocina del heladero, para ir deprisa y que no se escapase. Luego íbamos al riachuelo y metíamos los pies en el agua helada. Cuando empezaba a llover, volvíamos corriendo desde dónde estuviéramos, riéndonos bajo la lluvia, disfrutando por empaparnos. Al llegar a dónde estaban los padres, su única preocupación era regañarnos por el catarro que íbamos a coger o decirnos que no nos fuéramos tan lejos. Todas estas situaciones creaban entre nosotros una complicidad y una sensación de libertad. Y además son emociones y recuerdos que aún perduran ahora que somos adultos. Nuestros padres, no llegaron a conocer ninguno de estos lugares”.

Entrevista completa: Blog Kalandraka

Del 8 al 27 de julio se desarrollará en Buenos Aires la 23º Feria del libro infantil y juvenil en el Centro de exposiciones de la Ciudad de Buenos Aires ¿Cómo llegar? aquí 

Se podrán realizar visitas escolares a la misma ,como así también diferentes actividades. Numerosas editoriales participarán de ella con stands y firmas de escritores ,durante su desarrollo. Habrá también un taller de escritura para jóvenes a cargo de Ariel de Bermani , un festival de historietas y concursos para niños y docentes.

También el 18 y 19 de julio se llevarán a cabo las jornadas para docentes y mediadores de la lectura y el 15 y 16 de julio el encuentro de profesionales. El Premio Pregonero a los difusores de la lectura el día 25 de julio a las 18hs en la sala Elsa Bornemann

Para información general clickear aquí

 

 The Power of Books es una serie de fotos de Mladen Penev, diseñador búlgaro.